No es difícil hacerse el suizo cuando se da a luz algo extraordinario, malentendiéndolo, tal vez por ignorancia o simplemente porque no estamos preparados. Cuando Blade Runner se estrenó por primera vez, la crítica y el público no pusieron mucho de su parte para que dicha oscuridad lúcida hecha cinta se hiciese su hueco en la cinefília de los cautos (la de los incautos es la entendida como enfermedad permamente, contagiosa y placentera reservada a los que se arriesgan a hacer suyo lo que otros considerarían sangrante). A día de hoy la película es considerada uno de los clásicos modernos más efervescentes y geniales, conducida por un Ridley Scott irrepetible y protagonizada por dos actores soberbios, uno ya en los anales del cine (Harrison Ford) y otra cuya estela permanecerá nítida a pesar de los altibajos de su carrera (Sean Young, quien contaba con 22 imprescindibles años).
Blade Runner arrasó en los videoclubs del mundo, sorprendiendo a quienes buscaban dos horas de acción -todos ellos se dieron de bruces con algunas de las reflexiones más brutales sobre el camino que recorremos aún hoy- y siendo reconocida no sólo como una película de culto de excesos visuales, si no como un calculado y templado canto a la más radical deshumanización.
Como guinda, los aportes de Rutger Hauer -que no se ha visto en otro papel igual en toda su carrera-, Daryl Hanna -más de lo mismo, hasta se la ve guapa- y William Sanderson y sus inolvidables amigos. Ahora se lanza el supuesto Final cut definitivo, versión coleccionista y bla, bla, bla... y aunque estoy totalmente en contra de tales propuestas comerciales, y aún artísticas -las películas deben verse tal y como se estrenan por primera vez 1)porque los productores no tienen un pelo de tontos y 2) porque dudo que Kafka se levantase de su tumba
para reescribir La metamorfosis, nunca debemos dejar pasar la oportunidad de recordar algunos de los regalos que nos ofrece la tecnología, la imaginación (Philip K. Dick y su ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?) y el talento descomunal que estalla cuando ciertos orbes se alinean; en este caso, la narración de ciencia ficción más eléctrica del cine y el neo-noir americano en uno de sus últimos coletazos (Scott no es Orson Welles pero su trabajo bien merece una revisión permanente) mezclado con cyberpunk a borbotones. Aprovechad, para compraros la versión barata sin Final cut.
He aquí el trailer editado para esta ocasión:
Trailer original:



