El Alto Santiago

El Alto Santiago cabalgaba a lomos de un asno sombrío, que movía las orejas neurótico, azotando moscas inexistentes. Agarrado a su crin, Santiago remataba un cigarrillo liado. La punta de sus botas rozaba el suelo. Y el sol despuntaba. La luz cerraba sobre las lomas y cambiaba el grillo por la chicharra y se desperezaba el trigal dorado. Si no fuera por lo que le había dicho El Viejo esa misma mañana, hubiese sido un día placido. “Hoy te vas a morir, Santiago”, dijo. “Hoy mismo”.

Para el Alto Santiago morir tampoco era el peor de los males. Peor sería que se le muriese el burro. “Que haría yo sin él”, comentaba en cuanto tenía ocasión. “Imposible”, continuaba, trazando círculos de humo, con las ascuas del cigarrillo cabrioleando entre sus dedos. Aunque el “Hoy mismo” le rebotaba en el interior de la cabeza y El Alto Santiago llegó a pensar que sus orejas estaban a punto de saltar.

Se detuvo a un lado de una senda, pulida a lo largo de inabarcables campos hacia un horizonte vacío. Y desmontó.
—Va a ser una larga jornada, Mañín – que así se llamaba el asno, coloreado de un marrón áspero.

El asno no hizo además de responder, pero seguía agitando las orejas, como entusiasmado con su presunta escabechina de moscas. El Alto Santiago buscó una sombra bajo un olivo, se quitó las botas y se tumbó, encajando la cabeza entre dos brazos de raíces.
—Si me quedo aquí ¿qué puede pasar? —se dirigió de nuevo al burro, al que no parecía afectar la agresión del sol —.Nada —concluyó Santiago.


No había terminado de cerrar los ojos, cuando una muchedumbre, con bastante fanfarria, acémilas, carros y saltimbanquis, apareció por el otrora vacío horizonte. La tremenda romería pasó haciendo correr unos metros al burro e ignorando al Alto Santiago. Todos siguieron con sus aspavientos y canciones, a excepción de un joven con sotana y calva de reglamento, que se le acercó, con pasitos como si le molestara algo en la entrepierna, para preguntarle por qué no estaba celebrando el domingo como los demás.
—Es que me voy a morir hoy, padre —suspiró—Hoy mismo.

El padre cruzó las manos sobre el tonel con ombligo que cubría la sotana, y negó con la cabeza.
—Vaya, que tontería. Hoy no te puedes morir, es el día del Señor —dijo, mostrando una sonrisa canina—. Además nos ha regalado un día espléndido.

Mañín volvió sobre sus pasos y ocupó la senda, con su agitar de orejas descompasado y mascando una pértiga de trigo. A Santiago le parecía que hablar con el padre sentado era de mal gusto y se incorporó apoyando la espalda contra el olivo. La fanfarria y sus culpables iban siendo tragados por la pendiente de una loma. El padre retomó la charla.
—Y si fueses a morirte hijo, ¿todo lo que harías sería estar tumbado a la sombra?

El Alto Santiago calculó una respuesta.
—Sí, padre.

Con un bufido, el padre mostró su desaprobación.
—¿No hay nadie de quién debas despedirte?¿Ningún trabajo que acabar?

Moviendo la barbilla, Santiago asintió, llevándose una pajita a la boca y rumiando el tallo a imagen y semejanza del asno sombrío. Las chicharras chillaban ausentes.
—Pero me voy a quedar aquí, donde nada puede pasarme.

El padre soltó una carcajada, sacudiendo toda su panza. Buscó algo bajo la sotana, internando los brazos hasta la entrepierna y encontró lo que andaba buscando. Un filo, si podía describirse así a aquella hoja maltratada, se meneaba frente a los ojos del Alto Santiago. Entonces cayó en la cuenta de que los curas no marchan junto a fanfarrias.
—Pues has escogido un mal lugar, hijo —remachó el antes padre al tiempo que hundía el puñal en la garganta de Santiago.

Y luego le robó la bolsa, el tabaco y las botas, miró al asno, lo descartó y se escapó saltando furtivo hacia la loma. Santiago silbó a Mañín para que se aproximase al olivo y éste obedeció, posando el hocico en su hombro. Con las manos, El Alto Santiago esbozó una sonrisa en la boca del animal.

7 comentarios:

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You have a very impressive blog.


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To the author of this blog,I appreciate your effort in this topic.

Jorge J.R. dijo...

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....qué mierdas está pasando aquí.

Xuan dijo...

Los guiris no contentos con Gibraltar, ya se han lanzado a la conquista de tu blog.

Me lo está poniendo difícil con tus relatos. Es muy complicado igualarte, pero yo lo sigo intentando.

Almudena Toral dijo...

Me encanta el cambio de imagen que le has dado a tu blog, Jorge. Sigues siendo un escritor de puta madre : ) Un abrazo enorme, Almu : )

CAMINO dijo...

MUY BUEN FINAL, SI SEÑOR, INESPERADO

Stely dijo...

Me encanta tu blog, cada vez lo tienes mas chulo!!!