1er Premio Desnivel de Relato Corto

Desnivel.com convoca la primera edición de su Premio de Relato Corto de Montaña y Escalada, cuyo plazo finaliza el 1 de junio. El premio asciende a 600 euros en libros así como una suscripción a alguna de nuestras revistas.


Desnivel.com convoca la primera edición de su Premio de Relato Corto de Montaña y Escalada. Para ello se publican las siguientes bases, que deberán ser aceptadas en su totalidad para la admisión de las obras a concurso.

PRIMERA.- Objeto de la convocatoria

Hay muchos lugares que existen y que están en los libros. También hay muchos lugares que existen y que todavía no están en los libros. E igual de importante es saber que hay infinitos lugares inexistentes que podrían estar en los libros. Por eso, por los que están, los que no y los que estarán, Desnivel.com convoca la primera edición de su Premio de Relato Corto de Montaña y Escalada, a la que podrán presentarse todos los interesados, independientemente de su nacionalidad o edad.

SEGUNDA.- Requisitos y plazo de presentación de los trabajos:

1.- Los relatos presentados deberán reunir las siguientes condiciones:

Estar escritas en lengua castellana, ser inéditas -en cualquier lengua-, no haber sido premiadas en ningún otro certamen y tener una extensión, en su conjunto, máxima de 1000 palabras escritas a doble espacio. La temática creemos que queda clara en el título de la convocatoria: cualquier relato que tenga que ver con la montaña y la escalada.

Cada concursante presentará hasta un máximo de tres obras distintas que deberán enviarse por correo electrónico a digital@desnivel.com, poniendo en el asunto RELATO.

2.- El plazo de presentación de los trabajos será hasta el 1 de junio de 2008 (se aceptarán los envíos por correo con matasellos de ese día). El jurado elegirá hasta un máximo de diez finalistas, que se publicarán en www.desnivel.com. Durante 15 días los lectores elegirán por votación el ganador definitivo

TERCERA.- Dotación y fallo del premio:

Se establece un único premio que consistirá en un cheque regalo por valor de 600 euros en títulos de la Editorial Desnivel, una suscripción a alguna de nuestras publicaciones (Desnivel, Grandes Espacios, Outdoor, Escalar), y de considerarlo interesante por su contenido, el relato se podrá incluir en cualquiera de las revistas editadas por Ediciones Desnivel. Se estudiará, también, la posibilidad de editar un libro con una selección de las mejores obras enviadas.

A los dos finalistas más votados también se les premiará con sendas suscripciones a la revista que elijan.

El jurado estará compuesto por personas elegidas por Desnivel.com.

La participación en este certamen supone la plena aceptación de las presentes bases y su cumplimiento.

La organización se reserva el derecho a declararlo desierto.

China o de cómo hacer lo que te de la gana



Ahora que empiezan a movilizarse las expediciones el Gobierno Chino ha decidido, como medida de conservación medioambiental, cerrar el Everest y el Cho Oyu, pero las razones políticas del Régimen Chino son bien distintas.


En 1968, entre el 12 y el 27 de octubre se celebraron en Ciudad de México los Juegos Olímpicos, amenazados desde antes de su inauguración con la suspensión debido a las tensiones políticas y sociales. La unión soviética invadía Checoslovaquia. Algunos deportistas americanos de raza negra se negaron a competir por sentirse discriminados en su nación (se acuerdan de Kareem Abdul-Jabbar). Varios atletas negros recibieron sus medallas con el puño en alto, congraciados con el "Black Power". Diez días antes del inicio de los Juegos, el Ejército Mexicano disparó sobre un grupo de estudiantes que se manifestaban en la Plaza de las Tres Culturas, dejando un saldo de muertes que oscilaba entre 100 y 500. El COI se lavó las manos al respecto y bautizó los Juegos como "La Olimpiada de la Paz". Se baten 22 récords del Mundo en atletismo.

Cuatro años más tarde, en Munich, un grupo terrorista palestino asesinó a dos atletas israelíes y tomaron como rehenes a otros nueve. Todos, terroristas y secuestrados, a excepción de tres, morirían durante el intento de rescate. Fue durante los Juegos Olímpicos de 1972 y Mark Spitz conseguía 7 medallas de Oro en natación.

Dos Olimpiadas después, en 1980, en la capital de la Unión Soviética, segunda potencia mundial por aquel entonces, la política volvió a cebarse con el deporte, amenazando los Juegos de Moscú. Estados Unidos, apoyado por numerosas naciones, trataron de boicotear los actos de las Olimpiadas como protesta contra la intervención soviética en Afganistán. El presidente estadounidense, Jimmy Carter, amenazó con revocar el pasaporte a cualquier atleta estadounidense que intentara ir a los Juegos. Se registró la cifra más baja de países participantes. Se batieron más récords del Mundo que en las anteriores olimpiadas disputadas en Montreal.

Ahora es China, país que se negó a participar en las Olimpiadas de Moscú, quien dentro de las medidas organizativas de sus Juegos ha vuelto a mezclar "churras con merinas", utilizando, una vez más, el deporte como medio de intervención política dentro de sus fronteras. Nada más comenzar esta semana, el Gobierno chino, que anda configurando la próxima gran potencia mundial, saltándose, eso sí, casi toda la lista de los Derechos Humanos, ha cerrado el Everest y el Cho Oyu hasta el 10 de mayo, justo cuando la mayoría de expediciones primaverales estaba a punto de partir.



La versión oficial se refiere a la necesidad de proteger medioambientalmente las dos cumbres. Quizá por eso construyeron una carretera hasta el Everest, y quizá por eso pretenden construir un hotel en su Campo Base. La realidad es que China tiene pavor a la posibilidad de que una bandera de "Free Tíbet" pueda hondear en la cima del Everest al mismo tiempo que arde su Antorcha, y más si el acto va a ser retransmitido en directo. Es una forma más de evitar cualquier tipo de reivindicación tibetana. ¿Desde cuándo le importa a China lo que piensan los tibetanos? Pues desde que esas manifestaciones se puedan hacer globales en un marco universal como las Olimpiadas de Pekín, aunque más que los tibetanos, acallados a tiros durante años, les preocupan los alpinistas y expedicionarios del resto del Globo, con los que ya lo rifles no servirían.

Ya en 2007 varios activistas fueron detenidos en el Everest cuando realizaban acciones en contra de que la Antorcha Olímpica atravesase el Tíbet. También hubo en China más sentencias de muerte que en cualquier otro país. Eso sí, con mucho tacto: "China prevé aumentar el empleo de la inyección letal para la ejecución de condenados a muerte, considerándola un "procedimiento más humano" que el tiro de pistola en la nuca", anunciaba en enero el Mercurio Digital. Su cultura es distinta, sí, pero la muerte no es cultura. Ni la detención sin juicio. Ni la inexsistencia de libertad de expresión.

Retengan, por favor, estos datos extraídos de Amnistía Internacional: El 10 de octubre de 2007, Wang Ling fue condenada a 15 meses de "reeducación por el trabajo" por firmar peticiones y preparar pancartas de protesta contra la demolición de su propiedad a causa de los proyectos de construcción olímpicos. Yang Chunlin fue detenido y, según informes, torturado por haber participado en una petición firmada por agricultores que, con el lema "Queremos Derechos Humanos, no Olimpiadas", protestaban por la confiscación de sus tierras. Desde su detención, en julio de 2007, lo tuvieron, en numerosas ocasiones, con los brazos y piernas estirados, encadenado a las cuatro esquinas de una cama de hierro, teniendo que comer, beber y defecar en esa postura. Ye Guozhu, activista del derecho a la vivienda, cumple una condena de cuatro años que le fue impuesta por solicitar permiso para celebrar una manifestación en contra de los desalojos forzosos en Pekín. A causa de un proyecto de construcción relacionado con las Olimpiadas, le demolieron su casa y su negocio, sin ofrecer ninguna indemnización a su familia. Según informes, ha sido torturado en prisión. La policía de Pekín detuvo a su hijo y a su hermano, Ye Mingjun y Ye Guoqiang, como sospechosos de "incitar a la subversión”" en septiembre de 2007. Habían protestado contra unos desalojos forzosos que, supuestamente, se estaban llevando para dejar sitio a unas edificaciones relacionadas con los Juegos Olímpicos de Pekín.

Ahora China está blindada, la Olimpiadas serán más un fortín (y un polvorín) que un evento deportivo. ¿Qué ocurrirá si durante los Juegos se inician las protestas contra el Régimen Comunista Chino? ¿Qué ocurrirá si disparan contra un tibetano?

Aunque, quizá, el espíritu de las Olimpiadas, el contacto de culturas y la Libertad corriendo los 100 metros lisos puedan cambiar algo en China.

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Artículo publicado en Desnivel.com

El amo del cielo


El día que J levantó el vuelo por última vez creyó ver el cielo arder. J tenía 48 años y pilotaba una Cessna maltrecha, a la que llamaba Sky boss, traducido algo así como El Amo del Cielo. Un nombre que no se ajustaba a su manera de pilotar más bien improbable.

No había desayunado, quería estar listo desde muy temprano y había dejado los cereales preparados antes de acostarse. Pero se los comió el gato. Así que tenía hambre, y se sentía más tembloroso que de costumbre. Aunque todo se le pasó cuando se sentó en el asiento, encendió el motor y se embaucó con el ronroneo de Sky boss, una vieja pero complaciente máquina.

El gato iba con él. Solía sentarlo en el asiento trasero, bien asegurado con cinturones, y al bicho le gustaba. Nunca se había quejado. Cómo disfrutaban del viejo sueño de volar, cortando el horizonte con las alas, sintiendo el fenomenal vacío bajo ellos y sobre ellos.

En el cielo normalmente iba todo bien, dentro de los márgenes posibles. Y aquella mañana, hasta el momento, no era distinta. J disfrutaba, Sky boss se deslizaba y el gato maullaba de contento. J observó en el retrovisor como su pelo rizado escapaba del casco. Pensaba que a las mujeres les debía parecer atractivo.

J siempre había estado solo. Había nacido viudo. Llevaba contando tal cosa desde los cinco años. Decía que a su gran amor lo conoció estando él en el vientre de su madre, y a pesar de que todos le dijesen que eso era una milonga y que necesitaba ayuda, él persistía.

Volando, observando J su pelo, vio acercarse un punto a gran velocidad. Era fácil verlo porque el cielo estaba claro, casi muerto, y no era un punto pequeño. J hizo un par de maniobras y cambió el rumbo cuarenta grados. El punto le seguía. Se hacía más grande. Y, según las teorías de Newton, cuando dos cuerpos que vuelan en el aire, chocan, no puede pasar nada bueno.

El punto resultó ser una cigüeña, a todas luces campeona de los mil metros nube, que había quedado empotrada en el asiento trasero, algo que al gato no le hacía mucha gracia. Aunque no sabía muy bien que hacer. J se sentía mareado tras el choque. Una gran arboleda se acercaba indiferente.

Serían la copas de los pinos, que no se apartaban del rumbo, o las uñas feroces del gato, que habían recobrado la vida, las que hicieron que la cigüeña se recompusiese, aletease y saltase al cielo para perderse hacia el sol. El gato y J se dirigían, a velocidad constante, hacia la muerte. Posiblemente asaeteados por las ramas, quizá golpeados por los hierros desconcertados de la avioneta y, esto ya seguro, estampados contra el suelo.

Todas las imágenes de sus vidas se cruzaron indistintamente en sus cerebros. La excelente cerveza de la escuela de aviadores, que luego provocó la pelea por la que acabó expulsado. La madeja rosa que encontró en la basura. Los imposibles vientos que había atravesado. Las horas junto al ratón de madera de su camita. Y ninguna chica.

Ambos echaron un vistazo al cielo y suspiraron. Luego J. se giró, desató al gato, que no parecía estar muy seguro de tal cosa, y lo cogió, apretándolo contra su vientre.

-No ha estado tan mal -dijo el hombre-. Allá vamos - concluyó, mirando al inminente bosque.

El gato trató de escapar, pero fue entonces cuando una enorme llama surgió del morro de la Cessna, haciendo piruetas. J creyó ver el cielo arder y, perdido, saltó junto al gato de la avioneta, yendo a parar a la copa de un pino, más cercano de lo que posibilita la suerte.

Acabaron con la nariz clavada en una rama y frente a una ardilla que mordisqueaba un piñón. Sky boss ardía a diez metros suyo, en el suelo, habiendo dejado un reguero de pequeñas llamas en el camino que se abrió entre los árboles.

-¿Podríamos pedirle un poco? -comentó J, señalando a la ardilla.

Pero el gato ya había encontrado sustento y se desembarazó de J para perseguir frenéticamente al roedor de rama en rama. J hizo lo propio con el gato, temiendo por su vida, pero al querer incorporarse le fallaron las manos, abalanzándose hacia el suelo y haciendo muy cierta la frase “golpearse con absolutamente todas las ramas”.

A los dos minutos la ardilla había dado por finalizada la persecución y masticaba su piñón en lo alto de un pino, lejos del gato, que maullaba a J entre preocupado y fatigado. Cuando descendió y lamió el ojo cerrado de su dueño a éste le volvió la conciencia.

-Bueno, ya he llegado al suelo -masculló.

Se puso en pie, vacilando por los dolores, y a duras penas alcanzó la avioneta, prensada como un muelle, para arrojarle algo de tierra con los pies.

-Reposa aquí -dijo, siendo atravesado por un escalofrío -No volveremos a subir al cielo.

Dejo escapar algunas palabras más en silencio. Agarró al gato, decidió una dirección y se internó en el bosque. Cuando habían perdido de vista el lugar del siniestro, J volvió a hablar, acariciando la cabeza del animal.

-Creo que vamos a ir a comprarte una esposa.

Y desaparecieron entre los troncos, apiñados bajo un techo frondoso que no permitía observar la gran bóveda azul que se derramaba sobre las copas.